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Clasificación de Religiones Militares en Estados Unidos


Sabrina Pineda

Reportera, Life News Today

 

Una reforma administrativa dentro del Departamento de Defensa de Estados Unidos ha

desatado inesperadamente un debate nacional sobre la libertad religiosa, la cultura militar y el papel de la fe en una de las instituciones más importantes del país. El Departamento de Defensa tomó medidas drásticas el mes de mayo, 2026 para eliminar cerca de 180 códigos religiosos de una lista que incluía más de 200 categorías utilizadas con fines administrativos.

 

La nueva clasificación, que entrará en vigor en julio, 2026 contempla 31 categorías religiosas, entre ellas budismo, hinduismo, islamismo, judaísmo, sijismo, agnosticismo y la opción de no afiliación religiosa, aunque la mayoría de las categorías corresponden a denominaciones cristianas. Aun así, el ejército aseguró que los militares podrán seguir registrando en sus chapas de identificación afiliaciones que no aparezcan en la lista.


 Según el Pentágono, la medida no busca establecer una lista de religiones oficialmente aprobadas, sino simplificar la recopilación de datos utilizada por los capellanes militares.

Oficial del Departamento de Defensa, Sean Parnell, declaro que las Fuerzas Armadas “otorgan gran importancia a la Primera Enmienda y al libre ejercicio de la religión.” La lista crea categorías amplias de algunas tradiciones cristianas, bautista, presbiteriana, metodista sin especificar denominaciones dentro de esas tradiciones, que pueden abarcar todo el espectro teológico e ideológico. Los miembros del servicio pueden optar por identificarse como sin religión, otras religiones o agnósticos.

 

Parnel también dijo que “Esta disminución de los códigos de afiliación religiosa no está diseñada para hacer afirmaciones sobre la legitimidad de ninguna fe o creencia religiosa, ni pretende proporcionar una lista de religiones aprobadas oficialmente”. La reducción de religiones listadas esta diseñada para permitir que los capellanes consulten rápidamente la composición religiosa de sus unidades y determinen cómo estructuran los recursos para atender mejor a los combatientes de todos los grupos de fe. Pero los opuestos a este cambio mantienen que hay otra razón para el cambio. “El secretario Hegseth no está simplificando nada. Está elevando una visión religiosa estrecha desde la cima de la cadena de mando”, sostuvo el reverendo Paul Raushenbush, ministro bautista y jefe de la progresista Interfaith Alliance, también dijo “La Primera Enmienda no permite que el gobierno cree una jerarquía de fes, y ciertamente no permite que el Pentágono decida qué creencias merecen reconocimiento”.

 

El Ejército estadounidense es religiosamente diverso, y casi el 70% de las tropas se identifica

como cristiana, según un informe del Congreso de 2019. Casi una cuarta parte de las tropas

figuraba como otras, no clasificadas o desconocidas. En un Ejército plural, cualquier cambio en el mapa religioso interno puede interpretarse como una decisión técnica o como una señal política sobre qué creencias cuentan y cuáles quedan en segundo plano. La tensión es evidente, por un lado, una administración que busca simplificar estructuras y eliminar categorías consideradas innecesarias; por otro, colectivos que advierten de que la libertad religiosa también se protege reconociendo a minorías que no encajan en grandes bloques confesionales.

  

Durante décadas, las Fuerzas Armadas estadounidenses ampliaron progresivamente el reconocimiento de distintas tradiciones religiosas. Documentos históricos del sistema militar muestran una larga lista de preferencias religiosas, con categorías específicas para múltiples denominaciones protestantes, tradiciones cristianas no denominacionales, judaísmo, islam, hinduismo, budismo, ateísmo y otras religiones. Ese crecimiento reflejaba una transformación más amplia en la sociedad estadounidense y en la propia institución militar, donde la diversidad religiosa pasó a considerarse parte del compromiso constitucional con la libertad de culto.

 

La política vigente del Pentágono sostiene claramente que los miembros de las Fuerzas Armadas tienen derecho a conservar los principios de su religión o a no profesar ninguna. La controversia llega en un momento de fuerte polarización política en torno al papel de la religión en las instituciones públicas estadounidenses. Para algunos sectores, reducir la lista puede parecer un ajuste técnico. Para otros, representa un retroceso simbólico en el reconocimiento de la diversidad dentro de una de las instituciones más importantes del país. La reacción de la comunidad estadounidense frente a la clasificación de religiones especialmente cuando el gobierno o instituciones como el Pentágono intervienen ha sido intensa, diversa y muy dividida. Muchos cristianos, incluidos grupos conservadores y moderados, reaccionaron con incomodidad o rechazo cuando el gobierno clasificó o reclasificó denominaciones.

 

 

 
 
 

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