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Muere Harald V y Noruega Despide a un Rey que Marcó una Era

hace 11 horas
4 min de lectura

John Merolla

Life News Today


El rey Harald V de Noruega murió el viernes 28 de agosto de 2026 a los 89 años, después de más de 35 años en el trono. Su vida estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial, el exilio, el deporte olímpico y un matrimonio que en su momento desafió las convenciones de la realeza.


Harald falleció a las 6:35 de la mañana en el Hospital Universitario de Oslo, Rikshospitalet, donde había sido ingresado el 17 de agosto después de que un tratamiento con corticosteroides para una anemia hemolítica provocara retención de líquidos. Posteriormente, los médicos detectaron bacterias en su sangre y comenzaron a tratarlo con antibióticos, pero su estado de salud continuó deteriorándose. A pesar del tratamiento, Harald falleció días después y la Casa Real informó que murió en paz, rodeado por sus seres queridos.


Los homenajes comenzaron poco después en distintas ciudades noruegas, mientras las banderas fueron colocadas a media asta. El Gobierno decretó un período de duelo nacional y el primer ministro Jonas Gahr Støre recordó especialmente el sentido del humor, la calidez y la confianza del monarca en el pueblo noruego. Las Fuerzas Armadas, de las que Harald era comandante en jefe, lo homenajearon con una salva de 21 disparos y un minuto de silencio. El funeral de Estado está previsto para el 9 de septiembre en la Catedral de Oslo, antes de su entierro en la fortaleza de Akershus.


Harald V nació el 21 de febrero de 1937 en Skaugum, Noruega, y fue el primer heredero al trono noruego nacido en el país en aproximadamente seis siglos. Su infancia estuvo marcada por uno de los momentos más difíciles de la historia europea. Tenía apenas tres años cuando Alemania invadió Noruega durante la Segunda Guerra Mundial y su familia tuvo que exiliarse. Harald pasó cerca de cinco años de su infancia en el exilio, gran parte de ellos en Estados Unidos, antes de regresar a Noruega con su familia en 1945, tras el fin de la ocupación alemana. Con el tiempo recibió una educación orientada a prepararlo para convertirse en monarca y estudió en la Universidad de Oslo y en Oxford. También desarrolló una gran pasión por la navegación y representó a Noruega en tres Juegos Olímpicos como regatista. Esa afición deportiva se convirtió en una de las características más conocidas de su personalidad y contribuyó a proyectar una imagen de un rey cercano, activo y alejado de la rigidez tradicional de algunas monarquías europeas.



Uno de los episodios más importantes de su vida personal fue su relación con Sonja Haraldsen, una mujer de origen no aristocrático. La pareja mantuvo una relación durante varios años antes de casarse en 1968, después de recibir finalmente la autorización del rey Olav V. El matrimonio fue considerado en su momento una decisión poco convencional dentro de la familia real, pero con el paso de las décadas Harald y Sonja se convirtieron en una de las parejas más reconocidas de la monarquía noruega. La reina Sonja, también de 89 años, sobrevive a su esposo. La muerte de Harald se produjo apenas un día antes de que la pareja celebrara su 58.º aniversario de bodas, una circunstancia especialmente conmovedora después de casi seis décadas de matrimonio. Tuvieron dos hijos: la princesa Märtha Louise y el príncipe Haakon, quien se convirtió automáticamente en el nuevo rey tras la muerte de su padre. Su esposa, Mette-Marit, se convirtió al mismo tiempo en la nueva reina de Noruega.



Harald llegó al trono en enero de 1991, después de la muerte de su padre, Olav V. Durante su reinado contribuyó a modernizar la imagen de la monarquía. Aunque sus funciones eran principalmente ceremoniales y constitucionales, utilizó su posición para representar al país en el extranjero y acompañar a los ciudadanos durante momentos de crisis. Uno de los ejemplos más recordados ocurrió después de los atentados de 2011, cuando Harald pronunció discursos en defensa de una sociedad abierta, tolerante y democrática. También defendió públicamente la diversidad y la igualdad, ayudando a consolidar una imagen de la Corona menos distante y más cercana a la sociedad. Esa cercanía quedó especialmente reflejada en un discurso pronunciado en 2016, cuando Harald habló de una Noruega diversa, donde convivían ciudadanos de diferentes orígenes, religiones y formas de vida. Sus palabras, en las que incluyó expresamente a inmigrantes, personas de diferentes religiones y noruegos homosexuales, fueron ampliamente difundidas dentro y fuera del país y reforzaron su imagen como un monarca dispuesto a adaptar una institución centenaria a una sociedad en transformación. Su popularidad se mantuvo elevada durante gran parte de su reinado, incluso mientras la institución monárquica era objeto ocasional de debates políticos.

 


La muerte de Harald V abrió una nueva etapa para la monarquía noruega. Su hijo, Haakon, de 53 años, asumió inmediatamente el trono con el nombre de Haakon VIII. Haakon prestó juramento ante el Parlamento noruego el 1 de septiembre, aunque no será coronado, ya que Noruega abandonó las ceremonias de coronación hace más de un siglo. El nuevo rey inicia su reinado en un momento complejo para la familia real, marcado recientemente por la condena judicial de Marius Borg Høiby, hijo de la nueva reina de una relación anterior, y por las revelaciones sobre los vínculos que Mette-Marit mantuvo en el pasado con Jeffrey Epstein.

 

Para Noruega, la muerte de Harald representa el final de una era. Durante más de 35 años fue el rostro de la Corona y acompañó al país en períodos de prosperidad, tragedias nacionales y profundos cambios sociales. Deja como legado una monarquía más moderna y cercana a los ciudadanos, pero también una forma de ejercer la Corona que combinó tradición y apertura. Su muerte cierra un capítulo de la historia contemporánea de Noruega y deja a una nueva generación de la familia real la tarea de escribir el siguiente.

 


 
 
 

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