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Bangladesh Tiene Nuevo Presidente

John Merolla

Life News Today

 

Mirza Fakhrul Islam Alamgir ha asegurado la presidencia de Bangladesh y se convirtió en el 23.º presidente del país tras obtener 255 votos en el Parlamento frente a los 88 de su rival, Oli Ahmed. La elección se celebró el 20 de agosto y fue la primera contienda presidencial con más de un candidato en Bangladesh desde 1991. Alamgir asumió formalmente el cargo el 21 de agosto, en un nuevo capítulo para un país que todavía intenta recomponer su vida política después de la caída de Sheikh Hasina.

 

Bangladesh y su gente son una sociedad moldeada por la convivencia entre tradición y modernización acelerada. Con casi 176 millones de habitantes concentrados en un territorio relativamente pequeño, Bangladesh es uno de los países más densamente poblados del mundo. Los grandes ríos, las inundaciones y los ciclones forman parte de la vida cotidiana, pero también de la identidad nacional. Buena parte de la población mantiene vínculos estrechos con el campo y la agricultura, incluso mientras las grandes ciudades crecen a un ritmo vertiginoso. Dhaka, la capital, es una ciudad inmensa, ruidosa y frenética, donde conviven edificios modernos, mercados tradicionales, mezquitas, universidades y una enorme población que llegó desde zonas rurales buscando oportunidades. La familia y la comunidad tienen un peso importante, el bengalí es un elemento fundamental de identidad y la cultura se expresa con fuerza a través de la literatura, la música y las celebraciones tradicionales. Aunque Bangladesh continúa enfrentando pobreza y desigualdad, sus avances sociales fueron considerables durante las últimas décadas, especialmente en educación, salud, esperanza de vida y participación femenina en el mercado laboral.


El gran motor de la economía es la industria textil. Bangladesh se convirtió en una potencia mundial de la confección y actualmente es el segundo mayor exportador de prendas de vestir del planeta. El sector representa alrededor del 81 por ciento de las exportaciones y emplea a millones de trabajadores, además de haber sido una fuente especialmente importante de empleo para las mujeres. Este modelo permitió que millones de trabajadores pasaran de actividades agrícolas de baja productividad a empleos industriales vinculados con las cadenas internacionales de producción. Para muchas mujeres significó, además, una transformación social profunda al acceder por primera vez a ingresos propios y a una mayor independencia económica. Pero el éxito también genera dependencia, el país necesita diversificar sus exportaciones, mejorar la productividad y crear empleos de mayor calidad. La inflación, la informalidad y la pobreza siguen siendo problemas importantes, mientras que la economía debe prepararse para competir en un escenario internacional cada vez más exigente. Bangladesh consiguió una transformación económica extraordinaria, pero todavía tiene pendiente convertir ese crecimiento en prosperidad más amplia y estable. 

 


La política, en cambio, ha sido mucho menos estable. Bangladesh nació como Estado independiente en 1971, después de una guerra contra Pakistán, y su primer gran líder, Sheikh Mujibur Rahman, fue asesinado en 1975. Los años siguientes estuvieron marcados por golpes militares y gobiernos autoritarios hasta la restauración del sistema parlamentario en 1991. Desde entonces, la política quedó dominada por una rivalidad casi permanente entre dos grandes fuerzas, el Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP), fundado por el presidente Ziaur Rahman y posteriormente liderado durante décadas por su esposa Khaleda Zia, y la Liga Awami, encabezada durante décadas por Sheikh Hasina, hija de Mujibur Rahman. La competencia entre ambos grupos estuvo marcada por huelgas, boicots electorales, acusaciones de fraude, encarcelamientos y una polarización que terminó afectando prácticamente todos los aspectos de la vida política. Durante los 15 años de gobierno de Hasina, Bangladesh experimentó crecimiento económico y avances en infraestructura, pero también aumentaron las denuncias de autoritarismo, corrupción y represión contra la oposición.

 

El punto de quiebre llegó en 2024. Lo que comenzó como protestas estudiantiles contra un sistema de cuotas laborales terminó convirtiéndose en una movilización masiva contra el gobierno. La violencia y la represión dejaron un saldo que Naciones Unidas estimó posteriormente en hasta 1.400 muertos entre julio y mediados de agosto, y Hasina terminó huyendo a India. Posteriormente, las actividades de la Liga Awami fueron prohibidas y su registro electoral suspendido, lo que impidió que participara en las elecciones, mientras el país quedó bajo un gobierno interino encabezado por el premio Nobel Muhammad Yunus. En febrero de 2026 se celebraron finalmente elecciones generales y el BNP obtuvo una victoria contundente. Tarique Rahman, que había regresado al país después de unos 17 años en el extranjero, asumió el puesto de primer ministro. El resultado reflejó el enorme rechazo acumulado contra la antigua estructura de poder y el deseo de una parte importante del electorado de cerrar definitivamente la etapa de Hasina.

 

La elección presidencial de agosto debe entenderse dentro de ese nuevo equilibrio. En Bangladesh, el presidente no es elegido directamente por los ciudadanos, sino por el Parlamento, y sus funciones son principalmente ceremoniales, aunque también ocupa formalmente el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Alamgir, de 78 años, es uno de los dirigentes históricos del BNP y durante años fue secretario general del partido. Su rival, Oli Ahmed, fue respaldado por una alianza opositora de 11 partidos liderada por Jamaat e Islami. El resultado, 255 votos contra 88, fue contundente y reflejó la enorme mayoría parlamentaria que el BNP había conseguido meses antes. También tuvo un valor simbólico, fue la primera elección presidencial competitiva del país en 35 años.

 

Alamgir llega a la presidencia mientras el gobierno de Tarique Rahman debe reconstruir instituciones, enfrentar la polarización y mantener una economía que necesita nuevas fuentes de crecimiento. Bangladesh también tendrá que equilibrar sus relaciones con India, donde permanece Sheikh Hasina, con sus vínculos económicos con China y con los países occidentales que constituyen mercados esenciales para su industria textil. El cambio político, por lo tanto, no garantiza por sí mismo una transformación profunda. Bangladesh tiene ante sí una oportunidad enorme, pero también un riesgo conocido, que la histórica disputa entre sus principales fuerzas políticas vuelva a convertirse en un ciclo de confrontación. Después de años de crisis, el verdadero éxito del nuevo gobierno no se medirá solamente por cuánto tiempo permanezca en el poder, sino por su capacidad para demostrar que el país puede finalmente cambiar de gobierno sin volver a caer en la misma vieja pelea.

 

 

 
 
 

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