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Kennedy Center Entre Renovaciones y Disputas Legales

hace 11 horas
4 min de lectura

El John F. Kennedy Center for the Performing Arts, en Washington D.C., atraviesa dos procesos distintos al mismo tiempo. El edificio principal enfrenta una renovación de gran escala por problemas de infraestructura, mientras continúa una disputa legal sobre los intentos de colocar el nombre del presidente Donald Trump en el complejo.

 

Inaugurado en 1971 a orillas del río Potomac, el Kennedy Center fue establecido como el centro cultural nacional de Estados Unidos y como un monumento vivo al presidente John F. Kennedy. El complejo alberga teatro, danza, ópera, música clásica, jazz y otras artes escénicas, además de ser sede de la Orquesta Sinfónica Nacional y presentar importantes producciones nacionales e internacionales. Además de los espectáculos con entrada, ofrece regularmente presentaciones y actividades artísticas gratuitas abiertas al público.

 

Su estructura financiera combina fondos privados para gran parte de la programación artística con fondos federales destinados principalmente al mantenimiento y funcionamiento del edificio. El Kennedy Center ha requerido reparaciones importantes desde sus primeros años y durante décadas recibió fondos federales para mantenimiento y renovaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo se acumuló trabajo pendiente en sistemas estructurales, eléctricos, de plomería y climatización. Documentos recientes describen un edificio envejecido con problemas de mantenimiento acumulados que ahora requieren obras de gran escala.

 

La controversia sobre el nombre comenzó antes del cierre. La Junta Directiva del Kennedy Center, presidida por Trump y compuesta en gran parte por miembros nombrados por él, había aprobado colocar una inscripción en la fachada que reconociera al presidente por la restauración y renovación del edificio y también propuso cambiar el nombre de la plaza frente al complejo a President Donald J. Trump Plaza. El 15 de septiembre de 2026, el juez federal Christopher Cooper bloqueó esos planes y determinó que la junta no podía colocar el nombre de Trump en el edificio ni convertir la plaza en un memorial dedicado al presidente sin la aprobación del Congreso. Horas después, la junta votó para cerrar el edificio principal como parte de un plan de renovación de aproximadamente dos años. Trump había vinculado públicamente su apoyo a las obras con el reconocimiento de su participación en la renovación, por lo que ambos acontecimientos estaban relacionados, aunque los problemas físicos del edificio existían desde mucho antes de la controversia por el nombre.

 

Al día siguiente de la votación, el edificio cerró temporalmente por razones de seguridad. El director ejecutivo del centro, Matt Floca, informó al tribunal que permanecería cerrado por al menos siete días mientras se evaluaban zonas con deterioro estructural severo. Esa medida podía extenderse y fue presentada como una decisión separada del plan de renovación de aproximadamente dos años. El proyecto contempla una posible reapertura en 2028, aunque la duración exacta del cierre dependerá de las evaluaciones estructurales y del desarrollo de las obras.

 

El Congreso aprobó aproximadamente 257 millones de dólares en fondos federales para el proyecto de renovación y reparación, incluidos trabajos importantes en los tres principales teatros del complejo. El Concert Hall, que cuenta con aproximadamente 2.465 asientos, recibirá una extensión permanente del escenario y reemplazo de pisos y butacas, con un costo estimado de 24,7 millones de dólares. La Opera House, con unos 2.347 asientos, tendrá una renovación estimada en unos 10 millones de dólares, que incluye restauración de acabados, reemplazo de alfombras y puertas y cambios en parte de sus asientos. El Eisenhower Theater, de aproximadamente 1.161 localidades, recibirá una inversión prevista de unos 7 millones de dólares, principalmente para reemplazar sus asientos.

 


Una parte importante de las obras estará concentrada en sistemas internos que el público normalmente no ve. Se planea reemplazar gran parte de la plomería con un costo aproximado de 30 millones de dólares, modernizar el sistema eléctrico con 20 millones, actualizar calefacción y aire acondicionado por unos 26 millones y reparar el estacionamiento con 24 millones. También se contemplan mejoras en ascensores, accesibilidad, espacios públicos y áreas de servicio. Estas obras explican por qué el proyecto va mucho más allá de una renovación estética de los teatros y alcanza gran parte de la infraestructura básica del edificio.

 

En cuanto a las presentaciones, el cierre afecta principalmente al edificio original. Algunas actividades serán trasladadas a otros lugares, mientras The REACH, una expansión moderna ubicada junto al edificio original pero con sus propios pabellones y espacios para actividades, continuará funcionando. El espacio cuenta con salas de ensayo, estudios, aulas, áreas para presentaciones y espacios abiertos al público, donde también se ofrecen numerosos eventos gratuitos. Esto permitirá mantener parte de la programación artística y educativa durante las obras. La programación que continúe en The REACH seguirá formando parte de la oferta del Kennedy Center y podrá consultarse a través de sus canales habituales.

 

Mientras las obras avanzan, el Kennedy Center continuará funcionando de manera limitada y fuera de su edificio principal. Cuando finalmente vuelva a abrir sus puertas, no solo tendrá renovados sus teatros y sistemas internos. También habrá atravesado uno de los períodos más complejos de su historia reciente, marcado por una transformación física del edificio y por un debate sobre la identidad de una institución creada hace más de medio siglo para honrar a John F. Kennedy.

 

 

Sabrina Pineda

Life News Today


 
 
 

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