La Nueva Era de la Guerra con Drones
John Merolla
Life News Today
La mañana del 11 de septiembre, las alarmas aéreas volvieron a sonar en Kiev. Dos estaciones de servicio cerraron sus puertas y empleados y clientes evacuaron ante la aproximación de drones rusos. Cerca de media hora después comenzaron las explosiones. Los drones, impulsados por motores a reacción y capaces de alcanzar velocidades mucho mayores que modelos anteriores, dejaron poco tiempo para reaccionar. Dos personas murieron y 12 resultaron heridas, entre ellas un niño de 12 años y un miembro de los servicios de emergencia que había acudido al lugar. El ataque formaba parte de una ofensiva que llevaba casi dos semanas golpeando Kiev con drones propulsados por motores a reacción.

La velocidad es una de las principales características que distingue a estos nuevos aparatos. Los conocidos drones Shahed equipados con motores de pistón generalmente vuelan a menos de 200 kilómetros por hora, mientras que algunos de los modelos propulsados por motores a reacción alcanzan entre 240 y 500 kilómetros por hora. Rusia lanzó alrededor de 450 drones dentro de ese rango de velocidad en junio y unos 2.850 en agosto, según datos militares ucranianos citados por Reuters. La inteligencia militar ucraniana estima además que Rusia produce alrededor de 3.000 drones propulsados por motores a reacción al mes. Algunos pueden recibir instrucciones durante el vuelo para modificar su ruta y altitud, mientras su mayor velocidad reduce el tiempo disponible para detectarlos e interceptarlos.
Esta transformación es el capítulo más reciente de una historia que comenzó mucho antes de la guerra entre Rusia y Ucrania. Durante décadas los drones fueron utilizados principalmente para reconocimiento y vigilancia. Estados Unidos empleó aeronaves no tripuladas durante la guerra de Vietnam, mientras que Israel utilizó drones para vigilancia y como señuelos contra las defensas aéreas sirias en el Líbano en 1982. A comienzos del siglo XXI, los Predator y posteriormente los Reaper estadounidenses permitieron realizar ataques mientras operadores humanos controlaban las aeronaves a grandes distancias. Según un informe de 2026 del secretario general de las Naciones Unidas, los ataques con drones en conflictos armados aumentaron al menos un 4.000 por ciento entre 2020 y 2024, impulsados por los avances tecnológicos, la reducción de los costos y la producción en masa.
Paralelamente avanzaba otra tecnología. La inteligencia artificial comenzó a desarrollarse como disciplina científica durante la década de 1950, cuando investigadores como John McCarthy estudiaron la posibilidad de crear máquinas capaces de realizar tareas asociadas con la inteligencia humana. En 1956, durante el encuentro de Dartmouth, el término “artificial intelligence” quedó asociado formalmente con el nuevo campo de investigación. Décadas de avances en computación, sensores, cámaras y aprendizaje automático terminaron acercando la inteligencia artificial a los vehículos no tripulados.

La guerra entre Rusia y Ucrania aceleró esa convergencia. Ambos países utilizan drones en gran escala y desarrollan sistemas destinados a mejorar la navegación, el reconocimiento de objetos y la resistencia a las interferencias electrónicas. La inteligencia artificial permite analizar imágenes obtenidas por drones, reconocer vehículos o posiciones, calcular rutas y seguir objetos en movimiento. También permite procesar más información directamente a bordo cuando las comunicaciones con un operador son interferidas.
En Ucrania, Avengers Labs dispone de unos cinco millones de imágenes del campo de batalla clasificadas para entrenar sistemas de inteligencia artificial. Su sistema Avengers, integrado en la plataforma militar DELTA, analiza más de 100.000 transmisiones de video de drones cada mes y, según el Ministerio de Defensa de Ucrania, identifica en tiempo real alrededor del 70 por ciento de los equipos militares enemigos que aparecen en esas imágenes. Rusia también desarrolla sistemas con inteligencia artificial y mayores grados de autonomía. Investigaciones independientes han documentado avances en navegación sin GPS, procesamiento de imágenes y reconocimiento automático de objetos, entre ellos el dron ruso V2U, cuyas determinadas versiones pueden navegar y buscar objetos sin mantener una conexión continua con un operador, según análisis técnicos citados por el Center for Strategic and International Studies.

Estos avances no significan que todos los nuevos drones sean armas autónomas. Hasta el momento no existe evidencia pública de que la inteligencia artificial seleccionara los objetivos o dirigiera los drones que atacaron las estaciones de servicio de Kiev el 11 de septiembre. Del mismo modo, existe una diferencia entre un sistema que ayuda a identificar un objeto, otro que puede navegar o seguir un blanco de manera autónoma y un arma capaz de decidir por sí sola utilizar la fuerza.
Mientras aumentan esas capacidades, también evolucionan las tecnologías destinadas a contrarrestarlas. Ucrania cuenta con más de 1.000 equipos entrenados para operar drones interceptores, según autoridades ucranianas, y decenas de empresas del país trabajan en sistemas destinados a alcanzar aparatos que vuelan a velocidades cada vez mayores. Rusia ha desarrollado, por su parte, capacidades de guerra electrónica destinadas a interferir las comunicaciones y navegación de drones ucranianos.
Las mismas tecnologías tienen aplicaciones fuera del ámbito militar. Drones equipados con sistemas inteligentes pueden buscar personas desaparecidas, evaluar incendios forestales, inspeccionar líneas eléctricas, observar cultivos y llegar a lugares demasiado peligrosos para los equipos de emergencia. Sistemas de navegación, reconocimiento de objetos y autonomía pueden desempeñar funciones muy diferentes dependiendo de cómo sean utilizados.

El desarrollo de armas con mayores grados de autonomía ya forma parte de las discusiones internacionales. El 25 de agosto de 2026, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y la presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, Mirjana Spoljaric, renovaron su llamado a los Estados para establecer prohibiciones y restricciones internacionales sobre determinados sistemas de armas autónomas. El debate se concentra particularmente en qué grado de control humano debe mantenerse sobre sistemas capaces de identificar, seleccionar o atacar objetivos.
Los drones, que durante décadas fueron principalmente herramientas de reconocimiento, ocupan ahora un papel central en numerosos conflictos armados. En la guerra entre Rusia y Ucrania, ambos países continúan desarrollando aeronaves no tripuladas, inteligencia artificial, sistemas con distintos grados de autonomía y tecnologías destinadas a contrarrestarlos. Al mismo tiempo, Naciones Unidas y el Comité Internacional de la Cruz Roja buscan que los países establezcan límites internacionales para determinados sistemas de armas autónomas mientras esas tecnologías continúan avanzando.






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