top of page

Mas Allá de las Cataratas

hace 4 horas
7 min de lectura

Viviana Cetola

Life News Today

 

Durante siglos, recuperar la visión perdida por una catarata era el único objetivo. Hoy, la medicina puede aspirar a mucho más. Los avances en lentes intraoculares, biometría, cirugía digital e inteligencia artificial permiten no solo retirar el cristalino opaco, sino también planificar con una precisión cada vez mayor cómo verá el paciente después de la operación. Esta transformación ha convertido la cirugía de cataratas en una de las intervenciones más avanzadas y personalizadas de la medicina moderna.


Para comprender este cambio es importante distinguir primero algunos de los problemas visuales que aparecen con los años. Muchas personas que se acercan a los 40 comienzan a notar que leer de cerca resulta más difícil y que necesitan alejar un libro, un teléfono o cualquier texto para poder enfocarlo. Esta afección, conocida como presbicia, es consecuencia de la pérdida progresiva de la capacidad del ojo para enfocar objetos cercanos y forma parte del envejecimiento normal de la visión. El astigmatismo es diferente y puede producir visión borrosa o distorsionada a distintas distancias debido principalmente a irregularidades en la curvatura de la córnea o del cristalino.

 

Las cataratas, en cambio, aparecen cuando el cristalino, que normalmente es transparente y permite enfocar la luz dentro del ojo, se vuelve progresivamente opaco. Con la edad, las proteínas y fibras del cristalino sufren cambios que pueden hacer que se agrupen y alteren su transparencia, un proceso en el que también intervienen diferentes mecanismos celulares y el estrés oxidativo. La persona puede comenzar a percibir una visión nublada, colores menos intensos, dificultad para conducir de noche, menor sensibilidad al contraste o mayor molestia frente al resplandor. Como estos cambios suelen avanzar lentamente, es posible que el paciente se acostumbre a ellos antes de reconocer cuánto se ha deteriorado su visión.

 

Las cataratas son una de las principales causas de ceguera en el mundo, pero también una causa de pérdida visual que puede tratarse quirúrgicamente con excelentes resultados en muchos pacientes. En Estados Unidos su frecuencia aumenta considerablemente con la edad y más de la mitad de las personas mayores de 80 años tienen cataratas o ya han sido operadas para corregirlas. Esa enorme cantidad de pacientes ha impulsado décadas de investigación sobre cómo retirar el cristalino opaco y, al mismo tiempo, mejorar la calidad de la visión después de la cirugía. El resultado ha sido una transformación extraordinaria. La operación moderna ya no consiste únicamente en eliminar aquello que impide ver, sino también en calcular qué tipo de lente artificial puede proporcionar el resultado visual más adecuado para cada ojo.


El camino hasta llegar a ese nivel de precisión comenzó mucho antes de la medicina moderna. Las técnicas quirúrgicas para tratar las cataratas se remontan a la antigüedad. En la India se describieron procedimientos para desplazar el cristalino opaco fuera del eje visual, una práctica cuyos orígenes se sitúan hace más de 2,000 años, aunque su fecha exacta continúa siendo objeto de debate entre los historiadores de la medicina. Aquellos procedimientos podían permitir que una persona con una catarata avanzada recuperara cierto grado de visión, pero los resultados eran muy limitados y las complicaciones podían ser graves. El gran cambio llegó muchos siglos después, cuando la medicina comenzó a buscar no solamente la manera de retirar el cristalino enfermo, sino también de reemplazar su función.

 

Uno de los protagonistas de esa transformación fue el oftalmólogo británico Sir Harold Ridley, quien desarrolló el primer lente intraocular moderno después de observar que pequeños fragmentos de material acrílico podían permanecer dentro de los ojos de pilotos heridos durante la Segunda Guerra Mundial sin provocar la reacción intensa que se esperaba de un cuerpo extraño. A partir de esas observaciones desarrolló un lente artificial que podía implantarse dentro del ojo después de retirar el cristalino afectado por una catarata, y realizó sus primeros implantes a finales de la década de 1940. Los primeros lentes intraoculares estaban muy lejos de las opciones disponibles en la actualidad, pero cambiaron para siempre el tratamiento de las cataratas. Los lentes monofocales que posteriormente se convirtieron en el estándar permiten enfocar principalmente a una distancia determinada, generalmente de lejos, por lo que muchos pacientes continúan necesitando anteojos para leer. Cuando existe astigmatismo, además, puede ser necesario utilizar un lente específicamente diseñado para corregirlo.


La evolución de los lentes intraoculares, conocidos como LIO, ha permitido ir mucho más allá de aquel objetivo inicial. Los lentes monofocales continúan utilizándose ampliamente y pueden proporcionar una excelente calidad visual, pero actualmente existen diseños que buscan ampliar el rango de visión y reducir la dependencia de los anteojos. Entre ellos se encuentran los lentes multifocales y los de profundidad de foco extendida, conocidos como EDOF por sus siglas en inglés. Esta mayor amplitud visual también implica considerar posibles efectos no deseados, ya que algunos diseños pueden producir halos, resplandor o disminución de la sensibilidad al contraste. Por eso, el lente tecnológicamente más avanzado no necesariamente es el mejor para todos. La edad, las características del ojo, la presencia de otras enfermedades, las actividades cotidianas y las expectativas del paciente forman parte de una decisión que debe individualizarse.

 

Una de las opciones incorporadas recientemente en Estados Unidos es TECNIS PureSee, un lente intraocular EDOF que recibió la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos en marzo de 2026. Los datos evaluados por la FDA mostraron una mejor visión intermedia y una mayor profundidad de foco en comparación con un lente monofocal, mientras que la visión de lejos fue comparable y se mantuvo la función de sensibilidad al contraste. Este tipo de tecnología busca ampliar el rango de visión sin imponer algunos de los compromisos visuales asociados con otros lentes que proporcionan múltiples puntos de enfoque. Aun así, ningún lente elimina necesariamente la necesidad de anteojos en todas las situaciones y la elección debe hacerse después de discutir con el oftalmólogo tanto los beneficios como las limitaciones. La posibilidad de elegir entre diferentes diseños es precisamente una de las razones por las que la cirugía de cataratas se ha vuelto cada vez más personalizada.

  

El Dr. Habeeb Ahmad, M.D., M.S., director médico global de Cirugía de Cataratas de Johnson & Johnson, ha descrito esta evolución como una convergencia entre diferentes tecnologías. “Nuestro objetivo es brindar a cada paciente resultados visuales consistentes y de alta calidad”, afirma Ahmad en un artículo publicado por la compañía. Esta “convergencia tecnológica” combina diagnósticos avanzados, biometría, planificación quirúrgica, análisis de datos y nuevos lentes intraoculares. La perspectiva es relevante también por su procedencia, ya que Ahmad ocupa un cargo médico dentro de una de las compañías que desarrolla y comercializa estas tecnologías. Más allá de un producto específico, el principio que está cambiando la especialidad es que dos pacientes con cataratas similares no necesariamente tienen los mismos ojos, las mismas necesidades ni las mismas expectativas visuales. “Cada paciente y cada ojo son diferentes”, afirma Ahmad. “Estamos pasando de un modelo estandarizado a una cirugía de precisión que permite obtener resultados predecibles y reproducibles en todos los pacientes”. La inteligencia artificial comienza a formar parte de ese proceso al permitir analizar grandes cantidades de información y reconocer relaciones entre las características del ojo que pueden ser difíciles de evaluar de manera aislada. Estas herramientas pueden contribuir al cálculo de la potencia del lente intraocular, la planificación de la cirugía y la identificación de determinados factores de riesgo. Su incorporación no significa que un algoritmo sustituya al cirujano. En ojos complejos debido a enfermedades, cirugías previas o características anatómicas particulares, disponer de más información puede ayudar a tomar decisiones mejor fundamentadas, pero ninguna tecnología garantiza por sí sola un resultado determinado.

 

También está cambiando el propio funcionamiento del quirófano. Los sistemas digitales pueden conectar las mediciones realizadas antes de la operación con la planificación y con los equipos utilizados durante la cirugía, reduciendo pasos manuales y la necesidad de introducir repetidamente los mismos datos. Un estudio publicado en 2024 en el Journal of Cataract & Refractive Surgery comparó un sistema digital integrado con el flujo de trabajo existente en dos centros de cirugía de alto volumen. Los investigadores observaron reducciones del 25.3% en el tiempo dedicado a las mediciones preoperatorias, del 55.1% en la planificación quirúrgica y del 22.6% en los procedimientos quirúrgicos estudiados. Los resultados son importantes porque demuestran una mejora de la eficiencia y una reducción en la utilización de determinados recursos, aunque el estudio no demuestra por sí mismo que la digitalización produzca una mejor visión después de la operación.



La próxima etapa podría modificar todavía más lo que entendemos por cirugía de cataratas. Una revisión publicada en 2025 en la revista científica Eye analiza el desarrollo de la inteligencia artificial, la automatización y diferentes sistemas robóticos capaces de participar en determinadas etapas de la cirugía. También se están estudiando nuevos lentes que intentan reproducir la acomodación natural del ojo mediante cambios de forma o movimiento dentro del ojo, incluidos diseños que utilizan fluidos. Otro campo de investigación busca sustancias capaces de actuar sobre los procesos que producen la opacidad del cristalino. Sin embargo, actualmente no existen gotas oftálmicas aprobadas que eliminen una catarata o sustituyan la cirugía, y los resultados experimentales obtenidos con diferentes compuestos todavía no permiten considerarlos una alternativa clínica establecida.

 

La evolución de la cirugía de cataratas muestra cómo un procedimiento destinado inicialmente a recuperar una visión gravemente deteriorada se ha convertido en una intervención en la que pueden evaluarse la calidad visual, las distintas distancias de enfoque y las necesidades particulares de cada paciente. Esa capacidad de personalización también exige prudencia, porque disponer de más tecnología no significa que todas las opciones sean apropiadas para todos los ojos. Los lentes, los sistemas digitales y la inteligencia artificial amplían las posibilidades del cirujano, pero la selección adecuada continúa dependiendo de una evaluación médica individual y de expectativas realistas. El verdadero avance no consiste solamente en retirar una catarata o en prescindir de los anteojos. Consiste en utilizar cada una de estas herramientas para alcanzar el mejor resultado visual posible de manera segura.


 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page